Casi dos meses sin escribir... 60 días estando a punto de pero siempre posponiéndolo... No, no no caí en una etapa depresiva en la que dejé de ver las cosas desde la ladera buena onda de la montaña... Nop. Simplemente fueron meses de idas y venidas muy intensas... idas y venidas psíquicas y físicas porque en estos 60 días hice alrededor de 10 viajes en avión que me llevaron a los lugares muy diversos e inpensados...
Después de casi 8 años de haber viajado por primera vez a Europa en un viaje familiar y que tenía como fin ayudar a hacer más llevadero el duelo de la pérdida de papá, un día de pronto me vi planeando un viaje con dos amigos en Las cholas de Las Cañitas. Medio como en la peli Viaje Censurado empezamos a dibujar nuestro recorrido con crayones sobre los manteles de papel y usando pan, salero y restos de asado como referencia (puaj! je)
Y de un momento a otro ese que parecía un plan alocado y poco probable se convirtió en realidad y ahí estábamos los tres, bolsos en mano (bue en mi caso valija, bolsón, bolso, bolsito y cartera... cosa que me reproche durante todo la travesía) en Ezeiza listos para irnos...
Cada uno de los destinos que tuvimos fue especial, único e irrepetible y merecería hojas y hojas enteras de relato pero no es este el momento para eso... swencillamente haré un breve e injusto resumen...
Primero fue Berlin... un mundo raro.. ciudad dividad y heterogénea. Mucha historia, cosas que hacían poner la piel de gallina al hacer recordar momentos tan aberrantes como la segunda guerra mundial, el holocausto y ese muro que serparó mucho más que territorio. Una ciudad grande, inmensa con poca gente que hacía que las propias ideas se pudieran escuchar más allá de nuestras mentes.
De allí a Munich. Otra ciudad de la misma Alemania pero con una identidad y fuerza totalmente diferente... hermosa. Para caminar eternamente, llena de recovecos y lugares inpensados. Ahí vivimos nuestro primer domingo increíble. Caminando bajo el sol, recorriendo bosques mágicos y con una grata sensación de libertad.
Nuestro siguiente destino fue quizás el más impactante. Egipto, El Cairo. Desde muy chica leí historias de esta civilización. Un poco por lo que uno aprende en el colegio y otro poco porque a los 11 me volví fanática del libro "Río Sagrado" y de todas sus continuaciones, yo tenía en mi mente una imagen muy idílica de lo que iba a encontrar.Yo sólo veía faraones, a Cleopatra, el hermoso e inmenso Nilo y mucha majestuosidad. En su lugar, me encontré con un lugar bastante pobre, una cultura muy distinta y chocante. Sobretodo para una mujer que se tuvo que ver enfrentada a no ser más que una mercancia con valor comercial... A pesar del primer desencanto ver las pirámides hizo que todo valiera la pena. Una verdadera maravilla del mundo, de los hombres y de la historia... Volvería? A pesar de todo y por todo claro que sí...
Lo que vino a posteriori fue Grecia, Atenas. El partenón y la Acrópolis a pesar de estar en período de "desarmado" y de los andamios que entorpecían la imaginación, nada pudo evitar que la vista fuera gloriosa. El Pireo también se llevó unos buenos suspiros de incredulidad ante tanta belleza. Y sí la gente... un vivo retrato de "Mi gran casamiento Griego"... mucha vida...
Milán fue un redescubrir para mí... ya habia estado unas horas en mi viaje anterior y no entendía por qué lo habíamos incluído en nuestro intinerario. Sin embargo, esta segunda chance fue muy linda... recorrer, darle una oportunidad, ver las cosas con ojos optimistas y felices hizo que El Duomo, las calles, las galerías y todo fuera majestuoso.
Y de allí a mi desde ese entonces amada Amsterdam. Más allá de lo impactante que puede ser todo su impacto de sexo y drogas libres y legales, esa ciudad es un pedazo del paraíso mismo en la tierra. Sus canales, la cultura de la bicicleta, la paz, todo completamente todo hizo que fuera uno de mis lugares predilectos de lo poco que conozco de este hermoso mundo.
Finalmente llegamos a Paris. Ya había estado, pero soy una convencida de que uno nunca puede conocer Paris y por eso siempre es necesario volver cuando se pueda. Los lugares son los mismo pero cada vez que se visita las sensaciones son nuevas. Más allá de la Torre Eiffel y los monumentos, nuestra última tarde en MontMartre con la puesta de sol es una imagen que no voy a olvidar fácilmente...
Y de ahpi Paris Ezeiza sin escalas de vuelta en casa...
Qué me quedó de ese viaje? Una visión de mundo aún mayor de lo que imaginaba, miles de ganas de seguir viajando, conciendo, de no perder nunca esas ganas de ver cosas nuevas y distintas... Pero también ese viaje me recordó cómo amo mi vida. Mi casa, mi familia, mi gata, mis amigos, mi trabajo.
Esa vida que construí acá en mi Argentina querida. Que elegí en la medida que pude, que armé junto a mis afectos...
Este viaje me demostró que esas ansias enormes que tuve toda la vida desde chica de "irme" a vivir lejos, a cualquier lado, en cualquier parte, se fueron disipando con el tiempo. Sí amo viajar y lo seguiré haciendo mientras pueda... pero quiero ser turista en cualquier parte del mundo menos en la Argentina. Quiero que este mi país, sea por siempre mi casa.
sábado, 15 de marzo de 2008
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